miércoles, 6 de mayo de 2009

¿Qué pasa conmigo?


Una crisis poco pacífica. Nervios, golpes.. besos deshidratados. Quasi-reconciliación, pasión, ira, calma.


Pasadas las 16:30hs, estaba ahí, esperando el tren. Esperando nada.La historia a la que iba a sumergirme estaba empezando, necesitaba no necesitar nada, estaba ahí y ya. La historia, mi crísis y yo.

El calor abrumante de la Línea B me volteó, me resecó los ojos, no había asiento. Compré todo lo que me ofrecieron.. stickers y las poesías del abuelo Don Ramón, que hombre que me enterneció en exceso.Llegué, caminé, inspeccioné, recorrí, miré sin ver.. mi estado era ambigüo: tenía la sensación de saberme en problemas y por otro lado me refugiaba en los gestos, las miradas, el paso de la gente que tampoco está a salvo de los problemas y que sin embargo regalaba sonrisas de oferta por doquier.Seguí caminando y entre los ojos hinchados, el no maquillaje y la cara de la chica de Mostaza me decidí a merendar. Un humeante cappuchino con medialunas con jamón y queso. Comí, había postergado la historia, mi cabeza no estaba en condiciones de hacer mas de una cosa al mismo tiempo. Sin prisa, pero sin pausa, terminé y otra vez perdida, analizando a cualquier persona que se cruzara en mi campo visual, pensando e imaginando que hacían, adonde iban.. me dispuse a retomar la historia. Me senté y estaba plácidamente comoda en un gran semicírculo acolchonado. Ahora Franco, Lorna, Mónica, Andres, Madame Clo y Luciano me tenían atrapada en una nebulosa enfermiza que me hacía imaginar, caras, situaciones, momentos, lugares.. me transporté.Causa que me entretuvo por largo rato, hasta que después de levantar la mirada varias veces divisé el museo de los niños y ay! hace cuanto no entraba ahí, me trajo recuerdos, guardé el libro y sin dudar empézé a recorrer..., genial, pero tuve insaciables ganas de fumar y afirmé mi paso hacia la boca del subte.Entre tantas cosas en la mano, la tarea de no perder la página a la que había llegado, con cuidado de no tirar todo al suelo y buscando los fósforos que había comprado en lamentable consecuencia de no conseguir un maldito encendedor.. me convidaron fuego, se notaban mis atontados movimientos. Aspiré y exhalé placer. Volví y una decente y rechazada propuesta me alimento el ego, y dentro del bajo autoestima que tenía, me sentí mejor.Ya había cumplido mi objetivo, me había ido, me había escapado de todo, de todos, estaba conmigo y sentí una paz irreal.. sin más que hacer, emprendí la vuelta. Tenía los ojos resecos de todo el día, de llorar, por mí y también por la historia que es bastante cruel, que suerte que compré ese libro, era el libro justo, en el momento exacto.El subte fue un abrir y cerrar de ojos, Lacroze estaba oscura y en ese instante volví a la realidad. Leí un rato más hasta que arrancó el tren.Aveces nos merecemos estar con nosotros mismos, observar, sentir, vibrar, una buena experiencia.

Carpe Diem!